lunes, 24 de enero de 2011

PREVENCIÓN ES LA CLAVE!

¿CÓMO TRABAJAR A FAVOR DE LA PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS?

Por  Rosalía Rodríguez De Elías.

La prevención de enfermedades busca mejorar la esperanza de tener una vida sana, no solo desde el punto de vista físico, sino también considerando las áreas emocional y social.  La prevención se enfoca en evitar que las enfermedades aparezcan, en detener su avance y atenuar sus consecuencias (1,2).

La prevención esta dividida en tres niveles: 

  •   Primaria, la cual está dirigida al individuo sano o aparentemente sano, siendo en este caso, las acciones enfocadas a promover la salud, evitar la enfermedad por medio de la enseñanza del cuidado de la salud y la prevención específica.
  •  Secundaria, busca evitar que las enfermedades progresen a través del diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado.
  •  Terciaria, busca la rehabilitación del individuo, no sólo desde el punto de vista físico, sino también en las áreas psicológica y social, de manera que las personas puedan integrarse de nuevo a su vida normal (3). Así, podemos decir que el objetivo de la prevención es evitar el sufrimiento.
Los trastornos de la conducta alimentaria han llamado la atención de los profesionales de la salud debido a su complejidad, consecuencias, las diferentes causas que los pueden originar e incidencia en los últimos años. Son enfermedades de difícil pronóstico, alta tasa de recaídas, graves secuelas y alto riesgo de muerte (4-7). El tratamiento indicado para estas enfermedades requiere de un equipo multidisciplinario especializado (médicos, psiquiatras, psicólogos y nutriólogos), siendo en muchas ocasiones poco accesible para la población. Estos desórdenes representan desgaste emocional, físico y económico, no sólo para los individuos que los padecen, sino también para las familias, y por qué no decirlo, también para la sociedad en general. Debido a esto, se incrementa la importancia de realizar acciones de prevención en diferentes niveles.

Los factores que participan en el origen de los trastornos de la alimentación pueden ser biológicos, psicológicos y/o socioculturales (8). Esto es importante considerarlo para el diseño, implementación y selección de estrategias preventivas.
 
  1. La prevención primaria de los trastornos alimentarios puede dividirse en dos grandes grupos:
  2.  Las acciones dirigidas a la eliminación de factores causales de la enfermedad
  3.  Los encaminados al fortalecimiento de las personas respecto al posible impacto de influencias nocivas (9).
Por lo tanto, se sugiere que las acciones de los profesionales de la salud hacia la población sean:

·        Implementar campañas de información dirigidas a individuos en riesgo, a sus familias y a la población en general, evitando dar ideas de conductas de riesgo, es decir, orientar hacia la salud. El grupo de alto riesgo está formado principalmente por adolescentes y mujeres jóvenes (12), aunque también se presentan estas enfermedades en varones.

·        Alertar acerca del riesgo que produce modificar la alimentación sin la vigilancia de un especialista en nutrición calificado, así como del seguimiento de dietas restringidas con propósitos de control de peso.

·        Sensibilizar a la sociedad acerca de los estereotipos culturales y la influencia que éstos ejercen sobre personas vulnerables a la enfermedad. La presión social que se ejerce acerca del peso y la figura pueden cobrar especial importancia (10,11).

Hay que precisar que el objetivo de la prevención no es descalificar la delgadez o la grasa corporal, sino reivindicar la diversidad de la forma y el peso corporales en toda la población (12), es decir, recordar que las personas podemos tener diferentes complexiones.

Los especialistas en trastornos alimentarios consideran que los mejores ambientes para realizar prevención son el familiar y el escolar (9,11,14).

Dentro de la prevención, independientemente del ambiente en el que se trabaje, es importante considerar ciertos aspectos que son determinantes en la formación de la identidad, tal es el caso de la autoestima, particularmente el autoconcepto (concepto que se tiene de sí mismo), así como las estructuras cognoscitivas (13). Además, es importante hacer énfasis en el seguimiento de un estilo de vida saludable y el manejo efectivo de las emociones.

Es cierto que existe un debate acerca de si la prevención es útil o no. Algunos especialistas señalan que no es posible determinar con exactitud si se llegó a prevenir la enfermedad o no. Sin embargo, las estrategias que han demostrado ser útiles, a través de estudios científicos sistemáticos, proporcionan un panorama optimista al respecto. Incidir en materia de factores de riesgo para disminuir la población en riesgo puede ser uno de ellos.

Los modelos actuales contemplan la prevención en los trastornos de la alimentación como anorexia y bulimia y, además, al mismo tiempo la obesidad. Esto último cobra especial relevancia debido a los altos índices de sobrepeso y obesidad que hay en la actualidad en la población mexicana, especialmente en la infancia.

Respondiendo a la pregunta planteada a manera del título de este artículo, podemos decir que es necesaria la prevención, pero además es necesario también seguir realizando estudios que nos permitan identificar estrategias eficaces para nuestra población.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

1. Organización Mundial de la Salud. (2000). Quinta Conferencia Mundial Quinta de Promoción de la Salud. Promoción de la salud: hacia una mayor equidad. Ciudad de México: OMS.

2. Organización Mundial de la Salud. (1984). Glossary of Terms used in Health for All series (Nº9). Génova: OMS.

3. Alvarez, R. (1991). Salud Pública y Medicina Preventiva. México: Manual Moderno.

4. Herzog, D.B, Greenwod, D.N., Dorer, D.J., Flores, A.T., Ekeblad, E.R., Richards, A., et al., (1999). Recovery and relapse in anorexia and bulimia nervosa: 7.5 year follow-up study. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 38, 829-837.

5. Bulik, C., Reba, L., Siega-Riz, A. & Reichborn-Kjennerud, T. (2005). Anorexia Nervosa: Definition, epidemiology, and cycle of risk. International Journal of Eating Disorders, 37, 52-59.

6. Katzman, D. (2005). Medical complications in adolescents with anorexia nervosa: A review of the literature. International Journal of Eating Disorders, 37, 552-559; Strober, M., Freeman, R. & Morrell, W. (1997). The long-term course of severe anorexia nervosa in adolescents: Survival analysis of recovery, relapse and outcome predictors over 10-15 years in a prospective study. International Journal of Eating Disorders, 22, 339-360.

7. Agras, S. (2001). The consequences and costs of the eating disorders. Psychiatric Clinics of North America, 24, 371-379.

8. Gómez Peresmitré, G., Saucedo, T. & Unikel, S. (2001). Imagen corporal en los trastornos de la alimentación: La Psicología Social en el campo de la salud. En G. Gómez Peresmitré & N. Calleja (Comps.). La Psicología Social en México. México: Fondo de Cultura Económica.

9. Striegel-Moore, R. & Steiner-Adair, C. (2000). Prevención primaria de los trastornos alimentarios: Nuevas consideraciones con una perspectiva feminista. En W. Vandereycken & G. Noordenbos (Comps.). La prevención de los trastornos alimentarios. Un enfoque multidisciplinario. Barcelona: Granica.

10. Rodríguez, C., Fernández de Corres, B., Lalaguna, B., González, R. & González-Pinto, A. (2001). Los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Salud Mental, 4, 1-7.

11. Turón, V. (2000). Anorexia y bulimia nerviosas: atención y prevención interdisciplinar. Las Palmas: Consulting Dovall.

12. Slade, P. (1995). Prospects for prevention. En G. Szmukler, C. Dare, J. Treasure (Eds.). Handbook of eating disorders. London: Wiley.

13. Smolak, L. (1999). Elementary school curricula for the primary prevention of eating problems. En N. Piran, Levine, M. & Steiner-Adair, C. (Eds.). Preventing eating disorders. A handbook of interventions and special challenges. Filadelfia: Brunner/Mazel.

14. Gresko, R. & Rosenvinge, J. (2000). El modelo preventivo escolar noruego: desarrollo y evaluación. En W. Vandereycken & G. Noordenbos (Comps.). La prevención de los trastornos alimentarios. Un enfoque multidisciplinario. Barcelona: Granica.

15. Phelps, L., Sapia, J., Nathanson, D., & Nelson, L. (2000). An empirically supported eating disorder prevention program. Psychology in schools, 37(5), 443-452.

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